El oro ha alcanzado nuevos máximos intradía y de cierre cerca de $5.100 por onza, ampliando un rally que ha acumulado un impulso significativo en las últimas semanas. Los precios al contado llegaron brevemente a $5.110,50, lo que demuestra que los compradores siguen dispuestos a entrar incluso con los precios en niveles récord, ya que la incertidumbre en los mercados mantiene firme la demanda de oro.
Los precios del oro alcanzaron nuevos máximos históricos el lunes 12 de enero de 2026, con el oro al contado superando los 4.600 dólares por onza durante las primeras operaciones en Asia y Europa. El movimiento coronó un sólido inicio de semana para los metales preciosos y reflejó un claro cambio en el ánimo de los inversores, ya que la incertidumbre en torno a la economía global y el aumento de las tensiones geopolíticas impulsaron más dinero hacia activos tradicionalmente más seguros.
A medida que 2025 llegaba a su fin, los mercados continuaron asimilando los efectos posteriores de los agresivos cambios de política de los años anteriores. El cuarto trimestre de 2025 no trajo nuevos choques, sino que reforzó los temas que se habían ido consolidando a lo largo del año. El trimestre ofreció un período de relativa estabilidad entre las distintas clases de activos, con una política monetaria más clara y unas restricciones fiscales cada vez más evidentes. Este análisis explora cómo se desarrolló el cuarto trimestre en los mercados, qué enseñanzas dejó 2025 a los inversores en general y qué podría traer 2026, desde una perspectiva de realismo cauteloso más que de previsiones audaces.
Bitcoin ha dado un giro brusco a la baja después de alcanzar un máximo histórico cerca de 126,000 dólares en octubre. Hoy cotiza por debajo de 95,000 dólares, lo que supone una caída de alrededor del 25%.
En el tercer trimestre, los mercados giraron bruscamente debido a la divergencia de políticas. La Reserva Federal señaló un ciclo de flexibilización inminente, mientras que muchos gobiernos se inclinaron hacia la restricción fiscal. El crecimiento y el empleo se debilitaron lo suficiente en Estados Unidos como para justificar un recorte de tasas a finales de septiembre, incluso cuando la política fiscal se redujo.