Algunos momentos del mercado se sienten más ruidosos que otros; no solo por los titulares, sino porque varias señales llegan al mismo tiempo y obligan a los inversores a replantearse el panorama general. La última semana de enero y la primera de febrero fueron uno de esos momentos.
Las acciones japonesas han vuelto a atraer la atención, con el Nikkei 225 regresando a niveles vistos por última vez a finales de la década de 1980 y el TOPIX avanzando al alza. Este rebote ha llevado a los inversores a reconsiderar un mercado asociado durante mucho tiempo con un crecimiento lento. El tono en torno a Japón ha cambiado, y no solo de forma marginal. La pregunta clave ahora es si esta fortaleza refleja una mejora en la gestión de las empresas, o si está siendo favorecida por un yen más débil y por la posición de los inversores extranjeros en busca de ganancias.
Europa ha cotizado durante mucho tiempo con un descuento de valoración frente a Estados Unidos, visible en métricas sencillas como el P/E y el P/B. Lo más llamativo es que, incluso en 2026 y aun después de periodos de fuerte rendimiento en los índices europeos, el descuento sigue siendo lo suficientemente amplio como para reaparecer constantemente en los debates de asignación de activos. Por tanto, la cuestión no es si Europa es “barata” en términos relativos, sino si el descuento empieza a parecer excesivo en relación con las perspectivas de beneficios de la región y la solidez de sus balances, o si sigue reflejando diferencias estructurales más profundas que difícilmente desaparecerán.
La próxima inclusión de Walmart en el índice Nasdaq-100 puede sonar como un ajuste rutinario del índice, pero supone un cambio estructural significativo en el mundo de los mercados bursátiles. Esto es más que un titular sobre un minorista entrando en un índice dominado por la tecnología. Los cambios en los índices suelen parecer técnicos, pero pueden representar transformaciones más profundas en el liderazgo del mercado, la composición sectorial y el comportamiento de los inversores. La pregunta central es sencilla: ¿por qué importa ahora que un gigante tradicional del consumo se una a un índice centrado en la tecnología?
Tras el choque inflacionario de 2022 y 2023, las presiones sobre los precios finalmente han comenzado a enfriarse. La inflación no ha desaparecido, pero se ha desacelerado, y esa fase se conoce como desinflación. Los precios siguen subiendo, solo que no al ritmo que inquietó a los hogares, a los responsables de política y a los mercados hace un par de años.